Más impuestos, menos empleo

En pleno inicio de la campaña política, en la recta final por la presidencia del país, el debate de los impuestos, el esfuerzo fiscal y la carga impositiva se reabre para su uso en el debate político. Unos partidos, como el Partido Socialista, dedican sus esfuerzos en argumentar una creciente subida de impuestos, justificándola con un aumento en el gasto público que, de desembolsarse, generará una supuesta mayor actividad económica.

Por el lado opuesto, el Partido Popular, con Pablo Casado a la cabeza y junto a Daniel Lacalle, su cerebro económico, promueven una de las mayores rebajas fiscales de la historia del país. Tanto para Casado como para Lacalle, la rebaja fiscal supondrá un impulso a esas empresas que, durante los meses de Gobierno de Pedro Sanchez, han vivido la extorsión confiscatoria a la que se han visto sometidas con el Gobierno socialista.

Hoy, casualmente -o causalmente-,  leía un tweet que, mi amigo y compañero economista Jose Francisco López, hacía, aludiendo a la carga impositiva derivada del trabajo, y en el que decía: “Si los impuestos del tabaco son para reducir el hábito de fumar, ¿para qué son los impuestos al trabajo? ¿para reducir el hábito de trabajar?”

Recientemente es una pregunta curiosa, pues como he dicho, estamos ante un Gobierno como el Partido Socialista que continúa con una férrea defensa sobre la subida de los impuestos, justificándose con la reciente subida del Salario Mínimo Interprofesional. Para el Gobierno del PSOE, esta subida del salario permite un incremento en los impuestos y a su vez, que la subida del salario sea efectiva.

Sin embargo, atacan al Partido Popular por su supuesta rebaja de impuestos, así como las anotaciones que hacían, desde el propio partido, en las que se acusaba que la subida del Salario Mínimo Interprofesional debería haberse hecho de otra forma, al menos de una forma más gradual. Para el Partido Popular, y como veremos ahora, no sirve de nada una subida del Salario Mínimo, si esta se hace a la ligera y sin tener en consideración los efectos en el empleo privado.

La cuestión a abordar en el artículo, aunque el debate de para la redacción de un paper, quizá de un libro, es que, como decía el economista del Partido Popular, Daniel Lacalle, “en España, cuando hablamos de salarios siempre hablamos de salarios netos, olvidando la cuantía que representa el salario bruto”. Y es que, si observamos el esfuerzo fiscal que hacen los españoles en impuestos, quizá, esta subida que plantea Sanchez, comparándola con la subida del Salario Mínimo Interprofesional, ya no nos parezca tan brillante como a priori.

Por situarnos en un contexto fiscal español, el contribuyente español, de media, dedica el 48,49% de un periodo anual para trabajar por el estado. Es decir, únicamente cobramos el 51,51% de los días trabajados durante un año. Esto debido a la carga de impuestos que poseemos los españoles derivados del trabajo y la renta. En las rentas altas, el porcentaje es aún mayor, pues este se incrementa al 49,31% del año trabajado.

Observando estas magnitudes, por mucho que apoyemos el discurso socialista, tanto para socialistas como para populares, es una verdadera brutalidad. Más aun en un escenario donde castigamos continuamente a un empresario por la precariedad de los salarios, pero seguimos sin hablar de la cuantía bruta que muestran nuestros salarios, antes de la intervención confiscatoria del estado español y su mano ejecutora, la AEAT.

Fuente: Instituto Nacional de Estadística (INE).

Según el Instituto Nacional de Estadística, el Salario Medio Bruto anual, a fechas de 2016 (último dato registrado por el organismo), estaba en los 25.924€ para los hombres, y 20.131€ para las mujeres (361€ inferior al de la media europea). Si estos salarios, en ambos casos, los distribuimos de forma periódica entre unas supuestas 14 pagas anuales, en el caso de los hombres obtenemos un salario medio mensual bruto de 1.852€, mientras que para las mujeres se situaría en los 1.438€

Fuente: Informe “Taxing Wages 2019” de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE).

Con los datos sobre la mesa y atendiendo los datos que nos arroja la OCDE en materia de cuña fiscal por países, España posee un 39,4% de cuña fiscal (la diferencia entre el salario bruto y lo que percibimos en nuestro salario final). Por ello, de los salarios que mencionábamos anteriormente, el ciudadano español únicamente percibirá el 60,6% del salario bruto. Cabe destacar que la media de la OCDE respecto a la cuña fiscal es del 36%. Es decir, en cuña fiscal estamos por encima de la media de la OCDE, pero en materia de salarios, seguimos por debajo de la media de la OCDE.

Fuente: Instituto Nacional de Estadística (INE) y Eurostat Data.

Si observamos los datos que nos ofrece el organismo, también podemos ver como España, respecto a años anteriores, ha aumentado su cuña fiscal, mientras que en otros países como Alemania, Finlandia, Bélgica o Noruega lo han ido reduciendo, siendo países donde el Salario Medio Bruto anual, en el caso de Alemania, se sitúa en los 49.450€, a fechas de 2017. Por ello, hablamos de que un país como Alemania sigue reduciendo su cuña fiscal, a la vez de que su Salario Medio Bruto anual supone casi el doble que en España.

Aun con estos datos, el Gobierno plantea una nueva subida fiscal para los españoles. Una subida fiscal que en el caso del sector público, según los cálculos que nos ofrece Daniel Lacalle, reducirían la renta disponible del empleado público en un 2,6%, mientras que la reducción en la renta disponible del empleado del sector privado sería de un, más abultado, 2,8%.

Como podemos observar, España sigue pensando en la recaudación vía impuestos, pero sigue omitiendo a la economía real española. Es decir, España, con una deuda superior al 97% del Producto Interior Bruto (PIB), posee casi una paridad en la diferencia entre empleados del sector privado y los empleados del sector público, desempleados y pensionistas.

Esto, como decía el mismo Lacalle, es un dato a tener en cuenta, pues estamos hablando de que la economía REAL, las empresas, soportan el mismo número de empleados que el estado. Por lo que, la creación de empleo desde el sector privado sigue siendo muy gradual, respecto a otros países de la Zona Euro que, aunque posean un mayor número de funcionarios, también soportan un menor desempleo y una mayor creación de puestos de empleo en el sector privado. Además, ya que estamos utilizando a Alemania como ejemplo, el funcionariado público en Alemania posee casi un 6% menos de empleados que España.

Retomando el tema que abordábamos y por ir acabando, en España, los empleado no suelen tomar conciencia de sus salarios en cifras brutas, por lo que como decíamos, únicamente se fijan en términos netos. Por ello, se ocultan muchos impuestos que el empleador tiene que hacer frente con su capital y que elevan la contratación a salarios que se sitúan en los primeros puestos del ranking de la OCDE, pero que sin embargo, los empleados no perciben.

Es por ello que cuando hablan de la necesidad de subir los impuestos y aumentar ese esfuerzo fiscal para los españoles, atendiendo a que las empresas deben pagar más a sus empleados en términos netos y deben incrementar los salarios, con una carga fiscal que se encuentra oculta y una excesiva rigidez del sistema laboral en cuanto a la contratación indefinida, el empleador, al no poder asumir dichos costes y dificultades, paraliza la contratación. 

En resumen, el Partido Socialista quiere vendernos que la única vía de crecimiento para el país es incrementando ese esfuerzo fiscal y el gasto público, repercutiendo la ineficiencia del gasto público en una mayor fiscalidad para los ciudadanos. Sin embargo, como decíamos al principio, seguimos sin pensar en los efectos colaterales que derivan a la contratación y a la economía real.

Con una tasa de desempleo cercana al 17% (35% en el caso de los jóvenes), la única forma de sostener el sistema público y las pensiones es a base de generar empleo a través de la economía real. Un empleo que, de incrementar los bloqueos a la contratación, no podrá darse y acabará derivando en mayores tasas de desempleo y crecimientos más moderados en la economía.

Cuando los españoles, como decía Lacalle, dejen de hablar en términos netos y empiecen a valorar el bruto que aportan las empresas. Cuando dejemos de actuar como si la economía real fuese el estado y empecemos a generar verdadera riqueza a través de las empresas, cuando apostemos por la renta disponible y reduzcamos la enorme cuña fiscal que soportan los ciudadanos. Cuando eso ocurra, entonces podremos hablar de sostenibilidad y crecimiento.

¡Feliz fin de semana!

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