Elecciones Generales: en busca de la razón absoluta

Llegan las elecciones electorales y la campaña política. La propaganda electoral inunda las calles, los distintos candidatos políticos ocupan todas las portadas de los principales medios, así como la gran resonancia que generan en las redes sociales y todos aquellos nuevos canales que, desde su implantación, ya forman parte de la política.

A su vez, las principales cadenas de televisión y agencias de medios organizan multitudinarios debates entre diversos representantes y responsables de las diferentes formaciones políticas, tan semejantes como dispares. Los buzones ya rebosados de cartas donde los líderes de las distintas formaciones solicitan tu voto para hacer de España, un país más próspero y con más futuro.

Un país más próspero, una infinidad de propuestas, pero en la que todos priorizan las suyas y las defienden férreamente allá donde dan un meeting o debaten públicamente. Unas propuestas muy dispares entre sí, pero que todos defienden como si la suya fuese la única posible y válida, como si la verdad empírica cayese sobre su programa electoral, desechando aquellas que otras formaciones desean adoptar.

Una guerra de datos y estadísticas sin cuartel. Una batalla en la que los distintos líderes tratan de ganar el voto de los ciudadanos, llevándole a la Presidencia del Gobierno nacional. Una carrera de fondo que, aunque pueda parecernos fácil y demagoga, conlleva un esfuerzo tremendo y una enorme presión pública.

Como estaba diciendo, la campaña electoral incluye la convicción de los ciudadanos sobre unas determinadas propuestas de partido. Unas propuestas de partido en las que se incluye una serie de políticas que, atendiendo a los datos con las que se sustentan dichas políticas, todas parecen muy comprensibles, entendibles y acordes al escenario y la situación que vive el país.

Ya hemos visto a los distintos responsables económicos en los distintos debates que se han organizado como todos tienen propuestas y datos que le sustentan. Datos, manipulados o no, que soportan la veracidad de dichas propuestas y convencen al electorado de la necesidad de que dichas propuestas sean implantadas y puestas en marcha en el menor plazo posible.

En el último debate que organizaba el Grupo EFE, los distintos economistas y responsables económicos discutían sobre las distintas políticas a aplicar. El Partido Socialista, por su parte, afirmaba ser el partido que creaba empleo en el país. Atendiendo a los datos de su economista de cabecera, Daniel Fuentes, estos mostraban una serie de estadísticas en las que, claramente, se podían identificar sus afirmaciones a través de, como el mencionaba, un “fast checking”.

Por el lado de Lacalle, responsable económico del Partido Popular, sus propuestas parecían igual de coherentes que las del señor Fuentes. Es más, las propuestas del Partido Popular se sustentaban con bonitos gráficos que, posteriormente, inundarían twitter con el objetivo de difundir los contraataques populares y desmentir las pobres afirmaciones que, representando al Partido Socialista, realizaba Daniel Fuentes.

Atendiendo a las declaraciones de Toni Roldán y Nacho Álvarez, por no discriminar a ninguna formación política, estas hacían alusión a otros datos aún más, o menos, enredados, pero que, de igual forma, se sustentaban con estadísticas y maravillosos gráficos que soportaban dichas teorías. Un increíble y exhaustivo trabajo de recopilación de información y elaboración de hipótesis que reafirmasen el voto del pueblo confuso.

Desde mi punto de vista, la política se ha convertido en un tira y afloja entre las distintas formaciones políticas. Como he dicho, una guerra sin cuartel donde los distintos representantes políticos tratan de captar el voto, aunque ello les lleve la elaboración de hipótesis falsas en las que su teoría quede secundada y respaldada por una estadística que les de la razón. Aunque dejes miles de variables en la estacada, aunque tengas que hacer alusión a la única hipótesis que soporta la teoría. Lo importante es el voto, cueste lo que cueste.

Está claro que si lo que vamos buscando es el voto de los ciudadanos, hacer caso a la verdad y, como decía mi compañero y economista José Francisco López, aceptar que la teoría que defiendes no se soporta con datos verídicos es algo que cuesta muchísimo. Como economistas, duele mucho cuando ves que tu teoría, aquella en la que siempre te has apoyado y has construido tu ideología, ante los datos reales, no se sostiene.

Tantos estudios, tantas lecturas, tantos papers que, ante los datos nuevamente, no sirven para nada. No obstante, ¿cómo vamos a desestimar nuestros esfuerzos y darles la razón a la oposición? ¿Cómo vamos a sacar la verdad a la luz y tirar nuestra teoría y nuestra reputación por la borda? ¿Para qué decirles a los ciudadanos que nuestras estadísticas desintegran justamente aquellas variables significativas que tirarían la teoría, pero que ellos no comprenden e identifican?

Ningún economista o responsable económico se presta a ello. Ni los académicos se prestan a decir las verdades y mostrar las estadísticas, si ello le conlleva la pérdida de razón. Estamos en un momento donde la opinión ajena prima sobre la racionalidad y la verdad económica. Tener la razón es la prioridad y ello debe primar sobre las verdades y la ciencia empírica. Si no, ¿dónde quedaría nuestra reputación?

Esto es triste, pues esta es la razón por la que se suele decir que la economía es una ciencia dispersa y no exacta. La razón por la que se dice que no existe una ciencia económica, sino una filosofía económica en las que las teorías, dependiendo del bando, son unas u otras. La razón de que no se consideren a determinados economistas y sí a otros, pues estos dan una serie de datos que nos resultan más bonitos, esclarecedores o verídicos.

Pero no debemos olvidar que esto no es ciencia económica, esto es campaña. La campaña se basa en bombardear a los ciudadanos con miles de datos, opuestos entre sí, que logren captar su atención y su voto. El tiempo y el grado de aplicación que los líderes vencedores adopten, así como el ciclo económico y el comportamiento de los agentes harán que la economía mejore, o por el contrario, empeore aún más.

Como he dicho, debemos recordar que en campaña todo vale. En campaña no hablamos de economía, hablamos de ideologías. Hablamos de lograr una mayoría en el Congreso y lo que venga después ya es otra cosa. La campaña política es una herramienta de marketing y no la verdad absoluta. No nos engañemos más de lo que ya nos engañamos. La verdad no está en los debates, está en los estudios. La verdad no la busques en campaña, busquémosla, juntos, en la ejecución.

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