La guerra comercial vuelve a la agenda económica

Anoche comenzó la campaña electoral de cara a las elecciones municipales, autonómicas y europeas. Otro proceso de campaña en el que las distintas formaciones políticas, nuevamente, tratarán de convencer a la población o, para algunos, revertir la situación, el escenario, que ha dejado el resultado electoral de las generales, el pasado 28 de abril.

Como pudimos ver en las generales, el PSOE se llevó la victoria, logrando una gran ventaja frente al resto de formaciones políticas, especialmente de la que, hasta ahora, ha sido su máximo rival político y que en las pasadas elecciones cosechó uno de los peores resultados de su historia, el Partido Popular.

Para las autonómicas, según las encuestas que revela el CIS, los resultados son muy similares a los obtenidos en las generales. Sin embargo, debemos ser cautos y saber de que pueden darse sorpresas, ya que se realizaron antes de las elecciones generales incluso, pudiendo provocar que los resultados definitivos no mantengan tanta correlación, dado que tenemos toda la campaña electoral por delante.

Sea como sea, el pueblo parece tener una idea clara de a quien quiere para ocupar la Moncloa. Por la razón que sea, el Partido Socialista Obrero Español ha ganado las elecciones en España y según el señor Tezanos, puede replicar los resultados en las municipales si no se dan imprevistos que lastren la victoria del Partido Socialista, nuevamente, en las autonomías.

Imprevistos que, sin embargo, en el escenario económico no desaparecen. El pasado día, Donald Trump, en su ansiado intento de reducir la balanza comercial en los Estados Unidos, ha declarado que impone nuevos aranceles a los productos de origen chino por valor de 200.000 millones de dólares. Lo que representa un incremento del 15% respecto a los anteriores, fijados en el 10%, en su mayoría.

Ante esto, la guerra comercial, que tanto ha asustado a la economía y al comercio global -por el bloqueo comercial que supone-, vuelve a tomar fuerza en pleno escenario de desaceleración. Cuando todo parecía estar bajo control y se pretendía poner fin a las tensiones comerciales entre los principales bloques económicos del mundo, Estados Unidos, de nuevo, lanza un pulso que deja a China sobre las cuerdas.

Y es que, como ya anunció la Organización Mundial del Comercio, el rebrote de una guerra comercial no es, para nada, beneficioso para la economía, pues ante un bloqueo comercial, la reducción que esta supone, sumado al gran aporte que el comercio aporta al PIB Mundial, lastran los ritmos de crecimiento económico, que ya, por si solos y por el propio escenario que se está viviendo a nivel global, se encuentran cada vez más debilitados y apagados.

Aunque se preveía una moderación inmediata de los riesgos, que se puede observar en una gran cantidad de indicadores adelantados a nivel de industria, producción y ventas, los resultados del primer trimestre para las principales economías desarrolladas no han sido del todo malos. Esta semana pasada veíamos como Europa arrojaba un crecimiento que doblaba al obtenido durante el mismo trimestre del año precedente (0,4%).

En el caso de Estados Unidos, el crecimiento volvió a situarse a niveles del 3,2%, mientras que en el caso de China, los ritmos, como producto del estímulo fiscal, volvió a coger dinamismo y a situarse por encima del 6%, cifra en la que, de crecer por debajo de la misma, se apunta a posibles destrucciones de empleo en el gigante asiático. Ojo con esto, si observamos los crecimientos obtenidos, también podemos ver como estos han ido precedidos de una política de estímulo, fiscal en el caso de Estados Unidos o China.

Unas políticas de estímulo que han reactivado los crecimientos, pero que no indican la desaparición de amenazas en el escenario económico global. El ciclo económico se encuentra cada vez más agotado, así como el balance de riesgos a nivel global, el cual está cada vez más deteriorado y acecha gravemente a la economía, pudiendo lastrar los crecimientos y debilitarlos de una forma más intensificada.

El rebrote en las tensiones comerciales, Venezuela, el Brexit en Reino Unido, el bloqueo político en España, la falta de exportaciones de China, los elevados niveles de deuda pública. Todos estos riesgos siguen sobre la mesa y la falta de un liderazgo político robusto y un buen modelo de gestión para solventarlos,, como dice el Profesor Gay de Liebana, es un gran problema para la economía, que, como hemos dicho, sigue viendo, de una forma cada vez más inminente, el avance de la desaceleración, así como los tambores de recesión.

Otros, como en el caso del Gobierno de España en funciones -al que me gustaría mostrar unas palabras de condolencia por la ida del gran Alfredo Perez Rubalcaba, miembro icónico del Partido Socialista y un gran político y hombre de estado, fiel defensor de la democracia y los derechos de los españoles-, parecen no ver lo que se nos avecina y así lo están demostrando en Bruselas con el tema presupuestario.

Pedro Sánchez sigue empecinado en la necesidad de una subida de impuestos masiva con el fin de aumentar la recaudación. Una subida de impuestos que ya está generando impactos negativos en la industria, como podemos ver en el caso de la del automóvil que, en el conjunto, figura como uno de los indicadores clave para la economía. Una subida de impuestos que, desde el sector empresarial, no ven como una política acertada para lo que necesita España, que es crear puestos de empleo sostenibles.

La administración en España es cada vez más normativa y menos facilitadora. Además, en un entorno donde las economías son fiscalmente competitivas, vemos que países como Portugal, están rebajando su presión fiscal con el fin de atraer empresas y que, para la sorpresa de muchos, le está saliendo la jugada muy bien. Tan bien que le ha robado a España una central de Google que ha acabado por generar 1.300 nuevos puestos de trabajo en el país luso.

A diferencia de Europa, España posee un tejido empresarial muy vulnerable a las subidas de impuestos. Las microempresas y PyMES representan un 99,8% del tejido empresarial del país, lo que, de darse un fuerte incremento a estas, podríamos vernos nuevamente en la situación de cierre de empresas y numerosos despidos. Por ello, debemos dejar de compararnos con Europa y proponer alternativas fiscales adaptadas al tipo de empresas que se poseen en el país, en lugar de seguir generalizando con el tamaño de las mismas.

Tanto para Bruselas como para la Airef, la propuesta presupuestaria de Sánchez sigue sin ser muy esclarecedora. De hecho, desde ambos organismos se ha manifestado el desacuerdo con dichas políticas, pues al margen de lo planteado sobre el papel, no parecen tener un soporte y una viabilidad real en su aplicación y ejecución. España sigue poseyendo unos elevados niveles de deuda que acechan al país y a la situación financiera, además de unas elevadas tasas de desempleo que se encuentran entre las más altas de la Unión Europea.

Esta situación obliga al Presidente Sánchez a ser más cauto con la aplicación de sus políticas, teniendo en consideración el escenario y sin la necesidad de incurrir en los mismos errores que, ya en 2007, cayó España bajo la gestión del Presidente socialista Jose Luis Rodriguez Zapatero. No ver lo que se avecina no te exime de responsabilidad, menos cuando todo organismo autorizado advierte de la necesidad de una reorientación que aporte viabilidad al proyecto económico nacional

Aunque ya suena redundante, el mundo sigue inmerso en un escenario económico muy incierto. Bueno, corrigiendo, no tan incierto, pero si peligroso y repleto de riesgos. La actuación política, como hemos dicho en varias ocasiones, jugará un papel determinante y el liderazgo político y la correcta actuación en materia económica puede provocar un saneamiento del país, siempre y cuando se cumplan los objetivos de déficit, o el incremento de la deuda, que acabe por hipotecar nuestro país y asfixie nuestra economía en un escenario donde el dinamismo está a la misma distancia que la recesión.

Aunque los organismos se muestran optimistas, los riesgos son reales y debemos afrontarlos. Además, debemos afrontarlos ahora, cuando podemos revertir la situación y devolver a la economía ese mayor dinamismo que se está perdiendo. De seguir con esa actitud impasible, tomando decisiones que solo se basan en gastar más y saquear más a nuestros ciudadanos, seguiremos echando leña al fuego de la desaceleración, agravando el terreno para la llegada de una, no deseada, recesión.

Feliz fin de semana.

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