En la política, el fin justifica cualquier medio

Lo he dicho durante toda la campaña política, por activa y por pasiva, la gobernabilidad de España no es prioridad en la clase política actual. La cámara de representantes en nuestro país, el Congreso de los Diputados es el fin y no el medio, determinados políticos ansían el poder al precio más irrisorio posible. El sillón lo es todo y la ciudadanía ha pasado a un segundo plano, un segundo plano cada vez más irrelevante.

Y es que, como podemos comprobar, el voto de los ciudadanos cada día vale menos en la urnas. Casualmente, o causalmente, todo depende del escepticismo de la persona que lo lea, cuando los pactos comienzan a negociarse, el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), al servicio -como siempre- del Gobierno de España (en funciones), aviva la llama de unas nuevas elecciones, afirmando prever una aventajada nueva victoria de Sánchez en las urnas, si otras elecciones se celebrasen.

Pero aquí no acaba todo, por supuesto que no. Casualmente, o causalmente como hemos mencionado anteriormente, el centro de estudios no solo prevé una aventajada victoria que llevaría a la formación socialista a obtener el 40% de los votos sobre el total, sino que confirmaría, en caso de unos nuevos comicios, el ansiado sorpasso del partido Ciudadanos al Partidos Popular, el cual no logró en las elecciones generales del 28A, donde la formación naranja confirmó su recorte de distancias con los populares.

Esto, como bien afirmaba Rallo, es un claro incitador a que Pedro Sánchez, ansiado de un poder que no le está dando el beneficio de la lista más votada, alargue el proceso de investidura, planteándose la opción, in extremis, de convocar una nueva llamada a las urnas en el país, tratando de obtener unos mejores, y posibles, resultados que confirmen, esta vez con gran mayoría, su gobernabilidad en solitario, sin pactos y sin ataduras a procesos de negociación colectivos.

Obviamente, sería un error confirmar que Sánchez es el único generador de incertidumbres y supuestos. Hoy, en la Región de Murcia, se confirmaba otro escenario, difícil de creer para muchos, en el que VOX, alineados con PSOE y con Unidas/os Podemos, paralizaba la investidura del vigente Presidente en funciones y candidato a la presidencia de la Región, Fernando López Miras. Una paralización tras contar con su reunión deseada, la cual se prolongó más de cinco horas, confirmándose un acuerdo, según declaraciones de García Egea (PP).

De nuevo, gracias a la oposición VOX, beneficiando y colocando una sonrisa en los rostros socialistas, los ciudadanos murcianos se levantarán mañana, nuevamente, sin un gobierno que trate de paliar lo que, a nivel económico, ocurre en el territorio murciano. Un territorio con grandes problemas estructurales y sin un proyecto económico, a largo plazo, que trate de contrarrestar fenómenos tan negativos como el aumento de la deuda, la infraestructura ferroviaria de la Región, o lo más importante, el problema del agua, del que dependen muchas personas en la comunidad.

Hablamos de empleo, hablamos de bienestar, de progreso económico. Hablamos de todos aquellos fenómenos que, ante la falta de un gobierno que desarrolle, en cierta forma, sus promesas programáticas, no tendrán la posibilidad de hacerse efectivos. El ego se ha adueñado de la clase política, como decía, el escaño es el fin y cualquier precio por un sillón es, en este momento, un precio barato y aceptable. El sillón, que no el gobierno, es el objetivo y los ciudadanos, y su voto, el medio para conseguirlo.

Miedo me da la situación económica. Pese a mi formación como economista, siempre existe un miedo interno, el cual no te permite conciliar bien el sueño por las noches, sabiendo que la situación, mientras todos observan expectantes las boberías de ciertos grupos políticos, sigue empeorando, y sin un proyecto que permita contrarrestar los efectos del desastre. La responsabilidad política se vuelve cada vez más inexistente y el precio de una maña gestión, cada vez pesa menos en la conciencia de nuestros representantes.

Como he afirmado en mis artículos, en la economía continúa, intensificándose cada vez más, la desaceleración que, tras los resultados del primer trimestre, se iniciaba en nuestro país, nuestro continente y nuestro planeta. Una desaceleración que ya muestra indicios, reflejados en macroindicadores que muestran la realidad económica actual, de que la economía está moderando sus crecimientos, moderando el comportamiento alcista de los mismos y conteniendo la actividad económica a niveles mínimos.

Como siempre, esos primeros perjudicados, las empresas, ya comienzan a notar los efectos de una mala gestión gubernamental, nacional e internacional, que le está llevando a reducir sus niveles de actividad y sus beneficios. La industria se ralentiza fuertemente, llegando a cosechar contracciones en diversos sectores que conforman la actividad empresarial. Los PMIs, que miden la actividad de las empresas manufactureras y no manufactureras, alcanzan mínimos, rozando niveles de contracción.

La industria del automóvil, uno de los mejores reflejos de la actuación política en nuestro país, ya empieza a notar la caída -en picado- de la venta de vehículos, impulsada por la mala gestión, la incertidumbre y la demonización -a mi parecer, anticipada- de los vehículos diesel. Una industria que genera una cantidad ingente de empleos y que, a su vez, soporta otra grandiosa cuantía. Sin embargo, su actividad se está viendo mermada por esa falta de voluntad política de la que hablamos.

Para hacernos una idea, el sector del automóvil soporta el 10% de nuestro Producto Interior Bruto (PIB). A su vez, este sector es el culpable del 19% del total de exportaciones en nuestro país, es decir, un gran peso de las exportaciones. Una industria que genera más de 300.000 empleos directos, así como más de dos millones si consideramos el empleo indirecto y aquel que se encuentra ligado al sector. Todo esto, teniendo en cuenta de que España es el 2º mayor fabricante de automóviles de Europa, y el 8º a nivel mundial.

Ahora, en el panorama actual, con una tasa de desempleo, tanto general como juvenil, de las más altas de Europa, la segunda para ser precisos, tiene el lujo de permitirse generar incertidumbre regulatoria, dañando el sector a niveles recesión, acumulando tres trimestres consecutivos en caída libre. Unos descensos en matriculaciones de vehículos que caían, durante el mes pasado y en referencia al mismo mes del ejercicio anterior, un 8,3%. Unos niveles que llevan al sector a producir menos -reflejándose en los indicadores de consumo eléctrico- y por ende, a destruir empleo.

Sin embargo, y volviendo al hilo del principio, la clase política sigue pendiente de si se merece una concejalía, o dos; si merece una secretaría de estado, o tres; si debe ser vicepresidente, o secretario de estado. Sin embargo, y he hablado únicamente de un sector, la economía española, junto a la europea, sigue desacelerándose, a falta de un proyecto político y económico que, con estabilidad, traten de revertir la situación acontecida en el país. Una situación de insostenibilidad que se ve reflejada, como por ejemplo, en el sistema de pensiones, recientemente quebrado, en proceso deficitario y con necesidad de deuda que lo financie.

La situación comienza a “ponerse fea”, los gobiernos extranjeros comienzan a propulsar medidas para paliar los efectos de la desaceleración. China, Estados Unidos, Australia, o incluso, Portugal, ya han tomado cartas en el asunto, aplicando políticas que traten de contrarrestar lo ocurrido. Mientras tanto, en España, la agenda sigue marcada por los pactos; la economía, la cultura, la educación, todo ello, ha pasado un segundo plano, deteriorándose gradualmente y en busca de un proyecto político que lo coordine. Una situación triste, difícil, intranquila; una situación que marcará, como preveo, y prevén todos los analistas políticos, el inicio de una nueva forma de gobierno, dividida y fragmentada, por supuesto, que va a seguir dificultando el óptimo progreso del país.

Feliz fin de semana.

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