Economía acechada por sequía y desastre natural / Forbes

Artículo publicado originalmente en Forbes Magazine.

Centroamérica, como he dicho en numerosas ocasiones, uno de los principales focos de economías emergentes del mundo vive una situación catastrófica en determinadas regiones que la integran. Curiosamente, en aquellas regiones más pobres, aquellas de las que continuamente emigran más ciudadanos en busca de una vida mejor, son también las más castigadas, ya no por los desarrollos excluyentes, sino por el castigo ejercido por el propio planeta.

Y es que, El Salvador, así como el resto de América Central, atraviesa uno de los problemas más graves de sequía de su historia. Unas sequías que la región no para de sufrir y que causaron verdaderos estragos a los países integrantes durante el año pasado. En especial, y ya que hablábamos de El Salvador, una de las regiones más castigadas, vivió más de tres periodos de sequía durante el año pasado; algunos duraron más de cuarenta días.

Centroamérica, un país con gran dependencia de los recursos naturales, es un lugar muy propenso a las largas sequías, provocando situaciones extremas de sequía. Tal es la situación que las regiones que padecían dicha situación recibieron el nombre de “corredor seco”. Unas regiones que, en situación de pobreza extrema, atraviesan largos periodos de tiempo en los que la sequía amenaza toda la producción agrícola en los países, mermando su progreso económico.

Si atendemos a las cifras, el 55% del Producto Interior Bruto (PIB) en América Central corresponde a la agricultura y las tareas agrícolas. Más de la mitad del PIB, en otras palabras, depende del sector agrícola, provocando así que gran parte del desarrollo económico de la región esté supeditado al sector de la agricultura. Un sector muy castigado, como comentábamos, por las duras y largas sequías de las regiones que lo integran.

A su vez, en países como Guatemala, El Salvador u Honduras, la agricultura llega a suponer, en el mayor de los casos, hasta el 32% del empleo total del país. Es decir, en algunos países de América Central, la agricultura genera emplea a un tercio de la población en el territorio, lo que, ante una dura sequía y un mal funcionamiento del sector por las pérdidas ocasionadas por los fenómenos naturales, provoca una pérdida de ingresos para una gran parte de la población, influyendo directamente en el consumo.

Durante el año pasado, países como El Salvador, vieron como el 70% de la primera cosecha del año se tuvo que desechar, dado el estropicio generado por la entrada tardía de las lluvias en la región. Esto significa que 280 millones de kilogramos del producto producido se estropeó y no pudo ser vendido, ni consumido. Obviamente, una gran pérdida de ingresos por el estropicio que sufrió el producto y la incapacidad de generar ganancia pese al gasto empleado.

Por otro lado, el sector agropecuario en la región centroamericana carece de profesionalización e industrialización. Pese a representar el principal foco de actividad económica de la economía centroamericana, el sector sigue sin gozar de una seguridad jurídica que garantice el correcto reparto de la explotación, así como las garantías ante los asaltos y robos en los que ha derivado la situación de pobreza en estos países.

A esto hay que sumarle la gran hambruna por la que pasan algunos países en Centroamérica. La situación se hace cada vez más insostenible y la pobreza extrema amenaza a los ciudadanos en la región. La falta de cosechas agrava la situación, pues no solo te incapacita para obtener ingresos, sino que la producción cosechada para la elaboración de alimentos por parte de los ciudadanos tampoco se puede materializar, dado que el alimento se estropea con los fenómenos naturales.

Esta situación ha provocado que la Organización de Naciones Unidas (ONU) se haya pronunciado a favor de ayudar al desarrollo de la región en aspectos tan relevantes como el tema de la hambruna y la pobreza extrema. Aunque hay planes para favorecer un plan integral de desarrollo económico para las regiones que conforman américa central, la insostenibilidad de la situación actual ha provocado que la ONU intervenga, de forma rápida, ante la situación que viven los ciudadanos en las regiones.

La masiva migración de personas que huyen a otros países vecinos donde la situación permita vivir en condiciones dignas ha provocado que países como México o Estados Unidos, así como algunos europeos como Francia o Alemania, se hayan sumado, junto a la ONU, en el desarrollo de un plan de extrema urgencia que garantice unas condiciones de vida dignas para la vida en las regiones que atraviesan la situación. Una migración que ya se produce por factores naturales y no políticos.

La Organización de Naciones Unidas ha hecho un llamado a las principales economías desarrolladas del mundo para que se sumen a este proyecto. Un proyecto que trata de dar respuesta a uno de los temas más relevantes tratados en Davos durante la reunión del World Economic Forumde este año, el desarrollo inclusivo de todos los países en el planeta. Ya son muchos los países que se están sumando, aunque la situación precisa de una mayor ayuda que trate de revertir la situación y devolver unas condiciones de vida dignas para los ciudadanos de Centroamérica.

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