Los titulares no frenan la desaceleración / La Opinión

Artículo publicado originalmente en La Opinión.

Numerosos titulares muestran la mejora en las previsiones de la economía española, pero muchos líderes políticos los utilizan para negar la realidad económica.

Seamos realistas. Vayamos a ver la veracidad de nuestra economía. En lugar de atender magníficos titulares en los que se muestran las sustanciosas ‘mejoras’, detengámonos en el detalle de la desaceleración, pues la economía sí se está desacelerando. La cuestión es la lectura que hagamos de los crecimientos, pues pese a la mejora en las proyecciones, la economía se ha desacelerado y prevé intensificar el decremento en 2020. 

La economía española, según las previsiones que nos facilita el Fondo Monetario Internacional (FMI), así como otro tipo de instituciones de carácter económico, volverá a mantener, a priori, un ritmo de crecimiento moderadamente óptimo. En cifras, prevé cerrar el año con un cosechado en el crecimiento del 2,3%. Unas previsiones que destacan a España del resto de Europa, pues los crecimientos son superiores a los del resto de homólogos comunitarios. 

Sin embargo, si hacemos la lectura en contraste con los periodos predecesores, observando los ritmos de crecimiento en los años anteriores, podemos ver que en 2017 crecía a ritmos del 3% en su Producto Interior Bruto (PIB). Unos registros que disminuían considerablemente en 2018, cuando creció a niveles del 2,6%. Para 2019, estos ritmos prevén desacelerarse hasta el 2,3%, culminando la desaceleración y cayendo por debajo del 2% en 2020, año en el que prevé crecer al 1,9%. 

Si hacemos uso de las previsiones de BBVA Research, mientras el fuerte incremento de la demanda interna en 2018 impulsaba los crecimientos de la misma en un 2,8%, para este año se prevé una moderación que la situaría en el 2%. En materia de exportaciones, éstas si han caído, pero ojo, la reducción que han sufrido ha compensado el saldo exterior, por lo que se justifica de este modo. La afiliación a la Seguridad Social también se ha visto muy impulsada por la creación de empleo público, que crece a mayor ritmo que el privado con tasas interanuales del 5%. Por último, con la competitividad y la productividad, ambas estancadas, el desgobierno que sufre el país, poniendo la vista en Italia podría hacernos una idea de lo que supone la falta de reformas en el largo plazo.

Por esta misma razón, podemos afirmar que todo esto es cuestión de titulares. En las últimas semanas hemos visto a muchos economistas de la formación gobernante celebrar la mejora en las previsiones, dando lecciones de cómo la economía no está decreciendo como anunciaban expertos liberales y de la oposición. Sin embargo, como podemos observar, este tipo de afirmación contiene oculta una gran falsedad, y es que, aunque la economía crezca a niveles superiores que el resto de integrantes de la Unión Europea, con el histórico de datos y la serie temporal de crecimientos, la economía sí está decreciendo.

Y es que, como siempre he dicho, esta serie de titulares se dejan muchos datos en el tintero, a falta de ser publicados y contrastados por la sociedad. Si observamos los crecimientos que cosechaba España en 2007, momento en el que estallaba la burbuja inmobiliaria, destacan, al igual que hoy, del resto de la Unión Europea, pues mientras la UE crecía a ritmos del 2,7% de media, España lo hacía a ritmos superiores, registrando hasta el 3,8%. Como podemos ver, un dato que nos muestra cómo España, al igual que sale más tarde de las recesiones, también pospone su entrada a ellas al resto de países comunitarios.

Si observamos el último registro de empleo, el que muchos economistas y líderes políticos celebran en este momento a través de sus cuentas de twitter, podemos observar que, mientras se celebra el registro que muestra un descenso en el desempleo de 123.600 personas, habiendo creado más de 330.000 empleos nuevos; estas cifras, en contraste con el trimestre anterior, suponen una reducción del 3,7%. Es decir, estamos creando menos empleo que el trimestre pasado. E incido en esto, pues en los noticiarios veremos las cifras positivas y la creación de empleo, pero no la ralentización en la creación del mismo.

Como es normal, la desaceleración está provocando que los crecimientos sigan moderándose, reajustando las previsiones a la baja en las economías. En especial, Europa, donde más se está intensificando la desaceleración, la pérdida de dinamismo en los crecimientos que muestran los países integrantes es generalizada, pese a que determinados países traten de evitarla. Pero no nos asustemos, si Alemania, siendo la locomotora económica de Europa, está decreciendo junto al resto de integrantes de la Unión Europea, no pensemos que España, sin Gobierno y con una economía mucho más frágil, iba a ser la excepción; pues de haberla, sería la de aquellas economías con estructuras más sólidas ante los posibles shocks.

No debemos caer en el error en el que caímos en 2007. Negar la realidad económica es absurdo, pues los indicadores están ahí; cuando se comience a dar la desaceleración no se va a poder continuar con el engaño, pues el pueblo será partícipe de la misma. Tiremos un poco de hemeroteca y veamos lo acontecido durante los tiempos de Zapatero. Pese a negar la crisis, España entró en ella de lleno, al igual que lo hizo el resto del mundo, y negarla solo nos llevó a una situación más difícil, pues no se aplicaron reformas para amortiguar la, como la reforma laboral de 2012; la cual, según BBVA Research, habría evitado la destrucción de casi más de dos millones y medio de empleos. 

En conclusión, reconocer la realidad económica y no caer en errores es la mejor, y más responsable, actitud que podemos adoptar. Acabamos de atravesar toda la campaña electoral, donde hablar de crisis es molesto y poco atractivo para los votantes. No obstante, una vez culminado el periodo electoral, una vez que se ha constituido el Congreso de los Diputados, debemos comenzar a hablar de proyectos y reformas económicas. La desaceleración, como digo, es real. Y negar la realidad, como dijo un sabio, es la forma más letal de negar la verdad.

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