El falso optimismo de España preocupa al BCE

En las últimas semanas hemos sido testigos de un tenso tira y afloja entre las distintas formaciones políticas en todo lo que a política económica se refiera. Por parte del Partido Socialista, la visión es mucho más optimista que la visión que, a priori, mantiene el Partido Popular en su coalición con Ciudadanos. De hecho, los distintos medios económicos han sido testigos de ese optimismo socialista, recogiendo declaraciones de la propia Ministra de Economía, en funciones, donde hacía alusión al buen funcionamiento de la economía española, recalcando que con un gobierno estable, la economía gozaría de mayor robustez.

Sin embargo, desde el otro lado de la bancada, la oposición sigue atacando a un partido socialista que, pecando de optimismo y autocomplacencia, sigue elaborando propuestas económicas basadas en un sentimiento más que utópico, en total desacuerdo con los registros ofrecidos por los indicadores macroeconómicos que presenta el país, los cuales, un 60% de los mismos, muestran una clara tendencia negativa. Una situación que ha llevado a la oposición a elaborar duras críticas sobre una mala gestión que ha alcanzado su culmen con los últimos registros que ha dejado el mercado laboral sobre la temporada estival, mostrando su lado más negativo desde la gran crisis inmobiliaria de 2008.

Todos recordamos -con bastante furor, de hecho- aquellos famosos brotes verdes de los que hablaba José Luis Rodríguez Zapatero, ex Presidente socialista de este país. Unos brotes verdes que llevaron al socialismo a incurrir en ciertos errores que, posteriormente, se tradujeron en una fuerte crisis; una crisis que se estaba gestando en todo el mundo y que ciertos gobiernos no querían reconocer. Y no digo que esa crisis fuese culpa del ex Presidente Zapatero -puesto que España, al igual que el resto del mundo, fue participe en esa recesión- sino que Zapatero y su falta de responsabilidad, autocomplaciéndose con una economía que, bajo su criterio, se mostraba robusta, llevó al gobierno a no adoptar las reformas pertinentes que podrían haber suavizado o, al menos, paliado los efectos de la gran crisis.

Reformas como, por poner un ejemplo, la reforma laboral que se implementó en 2012. Una reforma laboral, impulsada por el Partido Popular, y que, de acuerdo con BBVA Research, podría haber evitado la destrucción de casi 2 millones de empleos en el país, de haberse aplicado antes. A este tipo de reformas me refiero, pues, como digo, la impasible actuación de un gobierno que se mostraba optimista por una economía fuerte, no se veía reflejada, posteriormente, en los datos que reflejaban una realidad prácticamente paralela. Esto, como sabemos, llevó a que se dejase la economía a la deriva, llegando a derivar, únicamente, en una recesión.

La situación a día de hoy es similar. Pedro Sánchez concibe una economía más robusta que sus homólogos en la zona euro. Sin embargo, si el gobierno estuviese conformado de forma tecnocrática, quizá veríamos otra realidad bien distinta, al igual que vimos en 2008. Una realidad que sí se refleja en los indicadores, ya que, como digo, estos muestran una economía en la que la tendencia subyacente es claramente negativa. Observando los crecimientos, estos no dejan de sufrir nuevos reajustes a la baja, rebajando así, las, a priori, previsiones optimistas que determinados analistas hacían sobre la economía española. Tal es la encerrona que vive el propio gobierno en funciones, que la propia Ministra en funciones ha tenido que recurrir al bajo coste de la deuda para justificar un incremento de déficit por el que, expresamente hoy, el BCE se ha manifestado en su boletín económico.

La situación que atraviesa España es clara. El desempleo, tanto general como juvenil, sigue mostrando un comportamiento bastante malo. El mercado laboral no se recupera de la forma que lo hacía antes; la creación de empleo sigue siendo muy gradual y el poco empleo que se crea, se crea bajo contratos con elevados índices de temporalidad, dejando un ínfimo 8% para la contratación indefinida. De acuerdo con los datos, estamos ante una caída en la contratación que, según las proyecciones del Servicio de Empleo, ser verá reflejada en la economía española a lo largo del año, registrando mayores tasas negativas en materia de creación de empleo durante los próximos meses.

Creo que debemos ser conscientes de las reformas adoptadas en materia de salarios. Unas reformas que, por los niveles de productividad e inversión que presenta el país, no se ajustan con una realidad; provocando un riesgo innecesario en nuestras empresas. Cabe recordar que estamos ante el tejido empresarial más vulnerable de la zona euro, pues nuestro tejido empresarial, en casi su totalidad, se compone de PyMEs y microempresas, dejando un triste 0,12% para el conjunto de grandes empresas. Esto nos obliga a ser más cautelosos con las medidas que se adoptan en materia de empresa y contratación, pues ante un posible shock, nuestro tejido empresarial es más frágil y vulnerable que otros. El riesgo de estas reformas, ante semejante nivel de desempleo y contando con los escasos recursos de las empresas españolas, es un riesgo que, de acuerdo con el Banco de España, debe medirse con mucha atención.

Por otro lado, los niveles de deuda pública siguen siendo muy elevados. El Banco Central Europeo ha insistido mucho en la necesidad de reducir la deuda, puesto que en los planes de Sánchez se encontraba la posibilidad de aumentarla, tratando de estimular así la economía. Esto obliga a la economía española a controlar su margen de maniobra, dejándole un espacio muy limitado para actuar, ante la imposibilidad de seguir incrementando un nivel de deuda que ni el bajo coste de la misma justifica. Las políticas de estímulo, de acuerdo con el Banco Central Europeo, en estos momentos no parten de tal premisa, pues como bien ha dicho el organismo, España no está en situación de incrementar el gasto; como si ha hecho durante este año, en el que ha incrementado el déficit un 27%.

Los niveles de deuda ya rozan el 99%, y siguen elevándose, por imposición del gobierno a través sus políticas sociales, con el paso de los meses. El registro del último semestre muestra ese incremento, pues nos seguimos alejando de los objetivos planteados por los Programas de Estabilidad y Crecimiento fijados por el BCE, mientras que el déficit sigue elevándose en contraste con los años predecesores. Por otro lado, la industria sigue mostrando su peor cara en lo que va de año. La producción industrial, registrada en el PMI manufacturero, sigue cayendo, contagiando a sectores tan relevantes como el del automóvil, que ya registra caídas de hasta el 30% en la actividad del sector. Una actividad que, midiendo la actividad económica del país, sigue en niveles de 2013.

En resumen, estamos ante una economía que, pese a las divergencias en las distintas opiniones que mantienen gobierno y oposición, los datos –por suerte o por desgracia- siguen recogiendo una lectura única. Una lectura que, como ha anunciado el BCE, sigue siendo lo suficientemente arriesgada como para tomar decisiones completamente arbitrarias en materia de política económica, pues ante el alto grado de riesgo y el confuso escenario económico, no podemos actuar, como poco, sin cautela. La única realidad es que la economía se muestra desacelerada, y cualquier lectura que no sea esa, se aleja por completo de la realidad. Ahora bien, ante el escenario actual es hora de que los partidos ejerzan su poder para tratar de revertir la situación; sin embargo, ante los desacuerdos en clave parlamentaria, el futuro de España, por ahora, se encontrará supeditado, por lo que se prevé, a unas nuevas elecciones. Unas elecciones para tratar de desbloquear un gobierno capaz de hacer frente a las necesidades reales de nuestra economía; esperando no caer en la autocomplacencia de unos nuevos brotes verdes completamente irreales. Negar la realidad es un grave error, pues como dice el refranero popular: “No hay mayor ciego que el que no quiere ver”.

Feliz fin de semana.

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