Un mayor deterioro económico de lo esperado

Esta semana conocíamos los informes acerca de las previsiones macroeconómicas para el futuro de la economía mundial. Un futuro que, a priori, presenta un mayor pesimismo de lo esperado, pero que no dejaba de contemplarse por el consenso de economistas ante el mayor deterioro que estaba sufriendo la economía global en su conjunto. Un deterioro que, como digo, ha provocado la revisión a la baja en todas las previsiones sobre las principales economías del mundo, sumidas en estos momentos en un extremo grado de incertidumbre que no les deja “ver la luz al final del túnel”.

Como digo, esta semana conocíamos la nueva revisión, a la baja, que realizaba la OCDE sobre el crecimiento del PIB Mundial. Un crecimiento que la nueva revisión lo sitúa en el 2,9%. Una cifra que no solo representa el peor ritmo de crecimiento, marcando mínimos, de la última década; sino que, a su vez, pone de manifiesto el fuerte deterioro que está viviendo la economía y el acelerado ritmo de avance de la desaceleración económica. Una desaceleración que acecha duramente a las economías, poniendo manos a la obra a los bancos centrales.

En un entorno debilitado, mientras a principio de año pronosticábamos unos crecimientos similares a los registrados y cosechados en el año anterior, cercanos al 4%; ahora, ante el deterioro del balance de riesgos a nivel global, las tensiones de la guerra comercial y sus efectos en el comercio, así como el caso del Brexit en la eurozona, ha provocado que ese crecimiento pronosticado haya ido perdiendo credibilidad hasta llegar a su mínimo previsto. Un mínimo que, como decía, aunque se contemplaba, se esperaba que no se diese, pues estamos hablando de grandes economía que, durante el próximo trimestre, conocerán la recesión técnica, como ya ha conocido Italia.

Un motivo que, de cara a evitar estos posibles shocks en la economía, ya ha activado los útiles y herramientas de los bancos centrales. Esta semana nos hacíamos eco de la nueva rebaja de tipos de la Reserva Federal, que vuelve a situar el precio del dinero en una horquilla que oscila entre el 1,75% y el 2%. Estímulos que también vimos al Banco Central Europeo contemplarlos, a diferencia de que en Europa, por la situación de tener los tipos al 0%, no pueden rebajarse aún más, pero que, pudiéndose aplicar de otra forma el estímulo, han reactivado la recompra de activos, activando nuevamente el QE para devolver mayor fluidez a los crecimientos, prácticamente estancados.

Los bancos centrales se muestran temerosos ante la desaceleración de la economía. El deterioro del escenario económico es cada vez mayor y las previsiones no dejan de acechar unos crecimientos que están cada vez más debilitados. La economía mundial se desacelera y, al menos en materia política, no estamos viendo nuevas reformas o líneas de acción que traten de revertir la situación que se vive en estos momentos. Una situación que, de seguir sin las reformas pertinentes, podría llevar a muchos países a la recesión.

Temas como el Brexit, la guerra comercial, el petróleo, entre otros, no es más que un compendio de incertidumbre que, con los datos en la mano, acecha gravemente a la economía mundial. En un mundo globalizado, olfateando ya la 4ª revolución industrial, la economía se fragmenta, precedida la fragmentación por las continuas tensiones que viven en estos momentos unas relaciones bilaterales que siguen deteriorándose y, con ello, paralizando la economía global y las transacciones transfronterizas.

Como analizábamos, y con motivo de concluir, se vienen curvas para la economía. La desaceleración va ganando peso con el deterioro que sufren los riesgos y que genera la incertidumbre. Las presiones que se generan por los malos resultados de la política monetaria hace saltar las alarmas en los bancos centrales, que vuelven a aplicar más estímulos para tratar de lograr algo que, difícilmente, puedan lograr si no contemplan otras soluciones conjuntas. Estamos en una situación muy difícil para la economía, mientras que, por otro lado, todavía hay gobiernos que insisten en jugar al juego de los sillones, en lugar de preocuparse por el bienestar económico de una sociedad preocupada por una posible recesión futura.

Feliz fin de semana.

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