Un escenario complicado para España

Se acerca el día; las redes sociales se agitan con el debate público, mientras los partidos buscan, en el tiempo de descuento, el voto de los electores ante un escenario poco favorable para el país. Los españoles vuelven a las urnas, en busca de un gobierno que dote al país de estabilidad y, sobre todo, de gobernabilidad, pues así lo precisa. Sin embargo, las encuestas muestran otra realidad muy distinta; una realidad donde los posibles escenarios representarían un mayor bloqueo, ante la necesidad de medidas extraordinarias para lograr la gobernabilidad.

Aunque volvamos a votar, España sigue presentando grandes problemas para formar gobierno. Como vemos en las encuestas, estas nuevas elecciones nos arrojan resultados mucho más confusos de los, a priori, logrados en los pasados comicios. Y es que, en un escenario en el que la mayoría parlamentaria se concentra en un bipartidismo reforzado, ante una España descabezada y muy expuesta, debemos considerar mucho las decisiones adoptadas.

España necesita un gobierno; un gobierno que no nos dan las urnas. Por esta razón, las formaciones políticas deben lograr acuerdos para desbloquear un proceso que llevamos arrastrando desde principio de año. Como me gusta decir, estamos en una situación más que anómala; y digo anómala, pues pese a estar recogido en la constitución, recordemos que vamos a votar por cuarta vez en 4 años. Una situación que, pese a normalizarla por la recurrencia, no es lo normal.

Y es por esto que deberíamos preocuparnos. El mundo está cambiando continuamente, pero no por ello debemos normalizar aquello que, bajo el rigor y la racionalidad, no es lo normal. No es normal bloquear el comercio global, no es normal que se celebren elecciones cada año en un país como España, al igual que no es normal que se permita lo vivido en Cataluña. Sin embargo, esta dictadura moral que convive con nosotros en nuestro día a día, nos ha llevado a una situación confusa, en la que ya no sabemos distinguir qué es lo correcto y lo normal.

El ser humano tiende a normalizar aquello con lo que convive de forma reiterada. Normalizamos las situaciones, pues nos acomodamos a ellas. Sin embargo, acomodarnos a un bloqueo político, es un coste de oportunidad abismal, el cual puede incidir muy negativamente en nuestro país, nuestra economía y, por consecuente, nuestra sociedad. España debe adoptar muchas reformas, pues pese a las falsas, e insultantes, declaraciones del Sr. Ábalos, el país tiene un serio problema con el desempleo, así como una infinidad de factores y variables.

Pero, por el contrario, la falta de capacidad y liderazgo de nuestros políticos, en un escenario en el que, como decíamos, no se pueden llevar a cabo políticas por la falta de consenso parlamentario, estamos viendo como la estrategia de muchos gobernantes parte de la búsqueda de la aceptación social y la autocomplacencia, atendiendo a discursos más que demagogos en los que se trata de transmitir el mensaje de “podríamos estar peor”. Discursos perdedores, bajo mi criterio, para el que los quiera.

El problema es que el discurso ya está teniendo un gran calado en la sociedad. Y así lo estamos viendo, pues las encuestas arrojan resultados que, en las esferas mayoritarias, vuelven a mostrar el mismo resultado, o similar, que arrojaban en las anteriores elecciones. Una muestra de que lo que vamos buscando parte de la irresponsabilidad política, con discursos que aclaman el voto para unas formaciones repletas de egocéntricos y perfiles maquiavélicos; en busca del ansiado sillón, por supuesto.

La economía, como ya sabemos por numerosos titulares, se está desacelerando. Sin embargo, como economista, cabe decir que todo el trabajo realizado hasta ahora para paliar la situación han sido titulares como el que utilizaba para comenzar este párrafo. Nada se hace para contrarrestar el efecto negativo que acecha a la economía; y cuando digo nada, es nada, pues ya hemos visto a determinadas formaciones hablar de políticas que, en boca de la autoridad europea, multiplican el gasto desproporcionadamente, con niveles de deuda y déficit que destacan sobre toda Europa.

Unas medidas que, por supuesto, casan mucho con discursos negacionistas, populistas y autocomplacientes; pero que no se ajustan con una realidad y con el diagnóstico correcto de la situación que atraviesa el país. ¿La explicación? Propaganda electoral, partidista, y con la cautela de, bajo la mentira, camuflar lo que, ante un baño de realidad para la sociedad, podría provocar la transferencia de voto que, en cierta posibilidad, dotase al país de una mayor capacidad para formar gobierno.

Pero claro, para ello, la primera intención, la más importante para nuestros gobernantes, debería ser la de formar gobierno. Ahora bien, atendiendo a la realidad y lo ocurrido, estamos viendo que la intención de los políticos no es más que la misma que nos llevó a estas elecciones; la de obtener un sillón en el que acomodarse durante 4 años. Un sillón que, menos gobernabilidad, aporte de todo. Estamos confundiendo la política con el debate y eso es muy peligroso. Estamos acomodándonos y creyendo que el debate es el que trae las reformas, pero sin atender a que, en estos momentos, el debate nos está alejando cada vez más de la aplicación de políticas y reformas.

No nos equivoquemos, lo que está en juego es España, no la presidencia. Mañana se la juegan los ciudadanos, estando en juego su futuro; no los políticos.

Nos jugamos mucho. Los italianos ya entraron en un proceso parecido y, ahora, están pagando la factura de ello, cosechando recesiones técnicas en su economía, así como desproporciones en sus cuentas públicas. España aún puede darle la vuelta a la situación, pero ello requiere de una mayor exigencia a un conjunto de políticos que han optado por vivir de hacer campaña, y no política. Está en nuestras manos ese cambio. Por ello debes ir a votar, a votar con responsabilidad y en busca de un gobierno. Es hora de dejar los colores y buscar el pragmatismo, pues el error político, y recuerda esto, siempre lo pagamos los ciudadanos.

Feliz fin de semana y fiesta de la democracia.

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