No hay peor ciego que el que no quiere ver.

“Lo que niegas te somete, lo que aceptas te transforma”.

Carl Gustav Jung.

Ya pasadas las elecciones extraordinarias, la situación en España sigue siendo muy incierta. Ni con las elecciones a las que nos llevó el Partido Socialista, o, mejor dicho, Pedro Sánchez, en ansias de lograr un resultado más favorable para su partido, hemos logrado un resultado electoral como para creer en un Gobierno sólido y estable para el país. Y es que, mientras el Sr. Sánchez mentía a toda España con que no iba a formar un gobierno a cualquier precio, el pacto con la extrema izquierda iba cogiendo forma, para consumarse en 48h tras el resultado electoral del 10 de noviembre.

Y sí, hablo de un gobierno estable para el país, pues, como podemos observar, ante una coalición de izquierdas, seguimos dependiendo de otras fuerzas políticas nacionalistas para sacar el gobierno adelante. Fuerzas nacionalistas que, como hemos podido observar en las comparecencias que han realizado las respectivas, siguen amedrentando a los españoles; con discursos y amenazas que ponen en tela de juicio la capacidad de convivencia entre un gobierno, a priori, constitucionalista, junto a unas formaciones separatistas hambrientas de conflicto.

Una situación muy preocupante para el país, así como para los empresarios en el mismo. Unos empresarios que ya muestran sus miedos públicamente ante la llegada al poder de un líder como Pablo Iglesias, el cual hace un gran uso de la demagogia económica para poner en el centro de la diana a la economía real española. De acuerdo con el propio indicador de confianza empresarial, la demagogia de la que hablamos ha llevado al indicador a cosechar una nueva variación negativa; una variación impulsada por unas reformas que tienen como objetivo principal un expolio fiscal a las empresas, con el único fin de disparar el gasto público.

España necesita reformas, aunque como me gusta decir, no cualquier reforma es la correcta. Si atendemos a nuestra estructura económica, España posee grandes vulnerabilidades estructurales que necesitamos corregir. Debilidades que necesitamos corregir a través de un gobierno estable, pero, sobre todo, un gobierno que atienda a un diagnóstico real y a la necesidad latente del país. Justamente lo que, a priori, no se está viendo; pues el gobierno formado por Iglesias y Sánchez, menos atender al diagnóstico, atiende a todo aquello que, bajo el populismo, les promueva la afiliación de adeptos.

Los niveles de deuda pública en el país siguen disparándose; la situación de las pensiones es un caso que ya muestra la quiebra de un sistema acabado, deficitario e insostenible; la creación de empleo crece a su peor ritmo; la desaceleración económica es un claro hecho, pese a crecer a un ritmo más acelerado que los europeos. Entre otros, los problemas mencionados aquí no son más que el escenario de inicio para una legislatura que se muestra de la forma más imprecisa posible. Una legislatura dominada por un gobierno repleto de populismos, demagogia, econecedades y, por supuesto, donde la ciencia económica no tiene cabida alguna.

Y aunque muchos se cabreen, dada la crítica a una política fiscal tan social como utópica, debemos saber que, a pesar de las necedades que dicen determinados políticos como el Sr. Eduardo Garzón, si las empresas en este país comienzan a ver un deterioro en el escenario económico, así como una incidencia del mismo con efecto en sus empresas, la situación desfavorecería a todo el país; pues el Sr. Garzón debería saber que, pese a que solo el 11% de los españoles tenga, de forma directa, acciones suscritas en las empresas del Ibex, si Telefónica o Santander comienzan a ver como sus ingresos se merman más de lo que lo previsto, poseen una estructura de empleados en el país que, sin tener acciones como dice Garzón, verán en peligro su situación laboral.

Claro, esto no interesa a los políticos de izquierdas para meterlo en el discurso. Tampoco interesa decir que, en un escenario en el que se expolie fiscalmente a las empresas españolas y a los ricos en el país, el expolio sigue sin cuadrar con el ajuste fiscal exigido por Europa, en un escenario en el que se trata de impulsar el gasto público a niveles desorbitados. Y sí, niveles desorbitados; mucho más desorbitados que el vacío que le ha hecho el Sr. Pedro Sánchez a la hucha de las pensiones para pagar la extra de navidad. Casualidad que no utilice ahora el PSOE el mismo discurso que lleva años utilizando para decir que otras formaciones fueron las causantes del vacío que sufre dicha hucha, pues claro, ahora son ellos los que la vacían y ya ven como, efectivamente, es para el pago de pensiones.

Como decía, las cuentas no cuadran. Ni con el expolio fiscal a las rentas más altas y a las empresas podremos afrontar el creciente déficit que acecha a la economía española. Las pensiones representan un porcentaje del PIB para el que se requiere una mayor recaudación fiscal; sin embargo, esa recaudación fiscal pretende hacerse, como era de esperar, con medidas cortoplacistas, apretando el bolsillo de los españoles y sin ninguna política enfocada a la creación de empleo. Hasta ahora, políticas basadas en el más puro comunismo, donde, quitando a los españoles el dinero de los bolsillos, se pretende sufragar los excesos de gasto del gobierno.

En la suma llevada a cabo por Podemos, el destopar a las rentas más altas no supone más que una recaudación agregada del 0,7%/0,8% del PIB. En el mejor de los casos, este incremento fiscal servirá para sufragar parte del gasto en pensiones, pero ni hablar de lo que decían estas formaciones de que, con esa subida, se iban a poder afrontar todas, a la vez de incrementar el gasto. Así lo ha dicho también Bruselas, que ha bloqueado la propuesta presupuestaria del PSOE, a esperas de una propuesta presupuestaria seria y con una sostenibilidad acorde a los Pactos de Estabilidad y Crecimiento (PEC) a los que se acogió el país con la llegada del Euro.

Como dice Daniel Lacalle, “España se juega mucho para caer en la autocomplacencia“. Y es que, si observamos los principales indicadores económicos que hacen alusión a nuestro país, podemos observar cómo los mismos muestran una realidad paralela a la que nos muestran nuestros políticos, con frases del estilo de “España crece mucho más que la media”. La economía española sigue agravando su crecimiento, como ya analizaron los compañeros de FUNCAS, donde reajustaron la previsión de crecimiento para la economía española durante el año que viene al 1’6%.

Caer en la autocomplacencia, en un escenario en el que España se encuentra en un estado mucho más agravado que otras economías que, pese a su crecimiento, muestran mayor robustez, es un completo error. Seguimos con unos problemas estructurales muy serios y afrontar esto con medidas coyunturales, cayendo en la autocomplacencia de postergar los problemas de nuestra economía a generaciones venideras, es un error que nos podría costar muy caro. España, como decimos, se juega mucho; pero más que España, quien se la juega son los españoles. Unos españoles que, ante las políticas ejercidas, podrían estar ante un serio riesgo de caer en un mayor desempleo y un progreso menor.

Dicen que no hay mayor ciego que el que no quiere ver; sin embargo, el problema está en que, en este caso, el mayor ciego es nuestro gobierno, el mismo gobierno encargado de liderar un proyecto político y económica para tratar de paliar con una situación que, en estos momentos es, como poco, pesimista. Reiterando, España no debe caer en esa autocomplacencia, sino que debe afrontar medidas enfocadas al progreso y la dinamización de la economía. Medidas que, bajo el análisis, van muy distanciadas de las propuestas por la coalición del desgobierno impulsada por Sánchez e Iglesias. Unas propuestas que, de no llegar, nos llevarán a un mayor estancamiento y la no corrección de la situación.

Feliz fin de semana.

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