La preocupación no deberían ser las empresas, sino el empleo

Cuando uno se para a observar el escenario político en España, de la misma forma que cuestionábamos el trabajo de nuestros políticos hace unos meses, antes de la celebración de las nuevas elecciones, ocurre ahora; una situación donde la gobernabilidad se ve muy cuestionada, pese al desmesurado optimismo de determinadas formaciones que ya dan el trabajo por hecho, realizando encuestas partidistas que avalen, entre sus filas, el desgobierno de una coalición impensable.

Y es que el cinismo político ya no sorprende a nadie. Mi paisano Arturo Perez Reverte calificaba, en un artículo que publicaba hace unas semanas, al Sr. Pedro Sánchez, líder socialista, como el único líder político, entre los que se encuentran, con la capacidad de mentir a su electorado, de forma despiadada, y sin que ello le genere remordimientos. Una actitud maquiavélica que le ha llevado de un discurso en el que aseguraba “no dormir tranquilo en un gobierno con Podemos”, a dar la Vicepresidencia del país al líder que, ya antaño, vetó para integrar “su gobierno”.

Claro, al margen de los problemas y situaciones que acontecen a nuestro país, un político que encaró unas elecciones con un mensaje tan claro como el que emitía el Partido Socialista, no puede contradecir su mensaje de una forma tan abrupta en cuestión de semanas. Y digo cuestión de semanas por no decir cuestión de horas, que fue el tiempo que le llevó a ambos líderes el ponerse de acuerdo en un pacto de gobierno, tan posible ahora como antes de las elecciones. Lo que deja en evidencia la incapacidad de un Presidente en funciones que ha movido ficha tras su fracaso en los nuevos comicios.

Pero como decía, muy al margen de esto, la situación en España en estos momentos resulta, como poco, preocupante. La economía nos sigue mostrando señales y advertencias de que la situación no funciona tan bien como algunos la pintan. Los propios indicadores macro y micro nos muestran esa desaceleración que ya acecha a nuestra economía. Desaceleración que, en su día, pudo achacarse a unos fenómenos que se daban en el escenario internacional, pero que, en estos momentos, ya no sirven para justificar una desaceleración más deteriorada de lo esperado.

Una desaceleración que acecha a una economía con grandes vulnerabilidades y sin proyecto económico. Y aquí, para recalcar, puedo permitirme el decir un proyecto económico serio, viable y donde tenga cabida la ciencia económica; justo lo opuesto a lo que el Partido Socialista ha mandado a Bruselas. Un proyecto inviable, lleno de demagogia, econecedades y generalísimos, dispuesto a callar el hambre de un pueblo harto. Y digo a callar el hambre por la razón de que cuando uno coge el proyecto y lo lee, puede darse cuenta de que el populismo es el denominador común de tal propuesta; así como la inviabilidad el mismo denominador común de todas.

Un denominador común en el que se muestra reflejado, como principal apuesta económica, la guerra contra la economía real de un país. Una apuesta de gobierno en el que los enemigos son las empresas, pero los socios son los nacionalistas. Una apuesta de gobierno condenada al fracaso, y ya no por tener que gobernar en coalición 8 formaciones políticas, sino porque ningún país desarrollado occidental que se precie, entre otras cosas, puede comenzar su legislatura con una clara enemistad con el principal financiador del país. Y es que, hasta la propia patronal ha tenido que solicitar al Presidente en funciones que piense qué es lo que necesita España y qué va a hacer por solventarlo.

Unas necesidades que, como es de esperar, no entran en los planes del líder socialista. No entran en sus planes, pues sus planes, de momento, son los de entrar en Moncloa y, lo que pase después, ya alguien dirá. Una situación que, en contraste con estos indicadores y donde hasta el sector servicios ya sufre esa degradación que ya experimentaban, hace unos meses, otros indicadores como los propios PMIs en materia de producción industrial, la situación comienza a tensarse para los verdaderos afectados; los ciudadanos.

No hace falta más que ver al mercado bursátil español y la especial acogida que le han hecho al pacto de la ingobernabilidad. Unos mercados que no han sido capaces ni de sacar adelante una OPA durante el 2019, ante la amenaza de que no se suscribieran toda la emisión por la falta de garantías de un gobierno en el que el comunismo tiene una fuerte presencia. Unos mercados temerosos de que los enemigos de España, y de la economía, entren al poder. Una situación que, como decía, pone los pelos de punta a aquellos interesados en la creación de empleo y en sacar adelante un país con sus aportaciones periódicas.

Claro, esto no es lo mismo que ve el gobierno, pues ni a diagnósticos reales son capaces de atender. Hemos sido testigos de auténticas barbaridades que se han dicho y, sin embargo, no han sido ni cuestionadas. Barbaridades del estilo de que en España no se crea empleo por la razón de que la gente tiene más confianza. Barbaridades que son absolutamente falsas, ya que, más allá de que los índices de confianza muestran una clara regresión por parte de los agentes socioeconómicos, decir este tipo de afirmaciones cuando, por otro lado, lideras el desempleo en Europa, en términos absolutos y juveniles, puede llegar a ser hasta insultante.

Pero claro, la dictadura moral que avala este gobierno es tan fuerte e impenetrable que cuestionar semejantes afirmaciones, por muy economista que uno sea, te cuesta el escándalo en el debate público. Una situación en la que a uno se le criminaliza por defender un empresario, o por la sencilla tarea de defender su país. Una situación más que triste, pues en mi caso, sería incapaz de levantar un gobierno en el que las medidas se centran en acabar con el bienestar de los empresarios, con la excusa de defender a un país que, en cierta parte, depende de esos mismos empresarios.

Pues claro, aunque al señor Garzón no le guste el IBEX y piense que solo el 11% de la población posee acciones, directamente suscritas, en el IBEX, si una empresa con semejante envergadura a la que tiene Inditex o Telefónica quiebra, la destrucción de todos esos empleos que tiene la compañía, tanto de forma directa como indirecta, afectará, sin lugar a dudas, a la población. Pero es que no todo queda ahí, sino que el capital que aportan estas empresas en materia de recaudación fiscal, también se verá mermado; y aquellos que no pagaban impuestos como decís el señor Iglesias, seguirán en su misma línea, sin pagar impuestos. Pues, como decía aquel, los que se ven afectados por la subidas fiscales son aquellos que pagan impuestos, pues los que no pagan, seguirán sin pagar; más en un escenario con mayores cargas fiscales.

Pedro Sánchez debería replantearse un poco la situación y atender a un mayor raciocinio. España necesita medidas, pero no cualquier medida es la correcta. Escuchar a tus agentes socioeconómicos y, en especial, a aquellos que te generan la riqueza, el capital y el empleo en el país, podría ser, a su vez, una buena iniciativa. De la misma forma que debería saber que en un escenario en el que te enfrentas a problemas de carácter estructural tan graves como los asuntos nacionalistas, depender de ellos para sacar cualquier medida adelante no es una buena estrategia. España necesita un gobierno estable, en eso estoy de acuerdo con el Sr. Sánchez; ahora bien, sería bueno que éste nos definiese a los españoles lo que significa para el “un gobierno estable”.

Feliz fin de semana a todos.

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